Homenaje a Oscar Niemeyer – Artículo publicado en EL ESPECTADOR

  

Un artículo que escribí en homenaje a uno de los creadores de Brasília,  fue publicado recientemente en EL ESPECTADOR, uno de los principales medios de prensa en Colombia.

http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-391427-brasilia-esta-de-luto

Brasilia está de luto

Por: Fabio Enrique Padilla Castro * / Especial para El Espectador

A propósito de la muerte del gran arquitecto Óscar Niemeyer, una mirada a la obra del “poeta de la curva” y al duelo que vive la capital brasileña, esculpida en buena parte por él.

Imagen de las honras fúnebres a Niemeyer en los monumentales edificios que él mismo diseñó como la sede del gobierno de Brasil en Brasilia.  / AFP

Imagen de las honras fúnebres a Niemeyer en los monumentales edificios que él mismo diseñó como la sede del gobierno de Brasil en Brasilia. / AFP

“Para alcanzar el nivel de obra de arte, la arquitectura tiene primero que ser diferente y después ser una cosa que crea impacto, que crea belleza. La arquitectura que yo hago es la que no acepta reglas”. Esta es una de las muchas frases que definen la personalidad fuerte y la genialidad fuera de parámetros que Óscar Niemeyer, el arquitecto brasileño más reconocido a nivel internacional, dejó como legado para este país y para otros como España, Estados Unidos, Italia, Francia, Israel e Inglaterra, a los que su obra también llegó.

Quienes vivimos en Brasilia, cada día comprobamos agradecidos por qué Niemeyer se destacó con su visión monumental de edificios abiertos, amplios y curvilíneos, con grandes espacios para el encuentro del pueblo consigo mismo y con sus gobernantes; para la vida en sociedad, pensada desde la visión de justicia que siempre proclamó: “Mi abuelo, que fue ministro del Supremo Tribunal, murió sin un tostón. Me parece bonito que haya muerto así. Siempre tuve la idea de que el dinero no vale nada. Ya dije que tendría vergüenza de ser un hombre rico. Considero el dinero una cosa sórdida”.

Pero mantenerse “no tan rico” parece algo difícil de lograr cuando se tiene tanto éxito profesional. Casi todos los edificios importantes de esta ciudad (la capital de Brasil diseñada desde cero por Niemeyer y el urbanista Lucio Costa) tienen su marca y su estilo innegable, e incluso para reformas recientes y edificios que aún están en construcción, su criterio y guía seguían siendo prioridades para decidir lo que se podía hacer y lo que no.

Ese nivel de respeto se revalidó aquí el jueves, durante la ceremonia fúnebre que le organizó la presidenta Dilma Rousseff y en la que miles de habitantes salieron a la calle a despedirlo y a hacerle justicia a su estilo osado y fuera de lo común. Claro que es el momento para resaltar también a los anónimos ingenieros y calculistas que hicieron posibles sus desafiantes trazos. Lo cierto es que para la mayoría de brasileños, parece que Brasilia entera hubiera sido construida sólo por él, por la personalidad que el “poeta de la curva” le imprimió a los edificios, en muchos casos dando la impresión de flotar sobre el piso, como si no pesaran nada.

Importante recordar sus aportes con visión latinoamericana, entre ellos el Memorial de América Latina, importante centro cultural ubicado en São Paulo, y la Universidad Latinoamericana que ya está en funcionamiento, mientras se termina su construcción en Foz de Iguaçú, en la triple frontera de Brasil, Argentina y Paraguay.

Las formalidades de sus honras fúnebres hicieron gala a su gran obra: Dilma Rousseff prestó el avión presidencial para trasladar el cuerpo desde Río de Janeiro —su ciudad natal en 1907 y en la que fue sepultado— y así poder despedirlo también en la ciudad que soñó y ayudó a crear. Para Brasilia, Niemeyer simboliza muchas de las cosas que hacen especial y diferente a esta ciudad. Las conmovedoras honras fúnebres incluyeron un pelotón de 70 militares, policías, el Cuerpo de Bomberos del Distrito Federal, salvas de tiros y transporte del féretro hasta el Palacio de Planalto, despacho oficial de la presidenta. El gobernador, Agnelo Queiroz, decretó luto oficial de siete días y expresó el gran honor que representó para él entregarle a Brasilia y al mundo la última gran obra de Óscar Niemeyer en vida, refiriéndose a la torre de tv digital, una torre de 170 metros de altura que asemeja una flor gigante (a flor do cerrado), con dos pétalos enormes cubiertos con cúpulas de vidrio —una, observatorio con vista privilegiada de la ciudad, y la otra, restaurante—, creada para ser el nuevo punto turístico de la capital con miras a los grandes eventos que Brasil organizará en los próximos años.

Entre las muchas pancartas y manifestaciones de tristeza, afecto y respeto que vi durante el homenaje póstumo a Niemeyer, me impresionó esta: “A gente tem que sonhar, senão as coisas não acontecem“ (tenemos que soñar, si no las cosas no suceden). Nos queda la clara la visión de este gran arquitecto y gran humanista que marcó la historia de este país.

Como colombo-brasileño, con cinco años viviendo en Brasilia, me permito resaltar el gran respeto y admiración que me inspiran hombres como él y como Juscelino Kubitschek, visionarios que se atrevieron a crear una ciudad en medio de la nada, en el ombligo de un territorio inmenso, enseñándole a una nación entera a repensarse, mostrándole de lo que era capaz. Los homenajes en memoria del “eterno arquitecto” apenas comienzan. Incluso en Twitter lo toman como referencia para analizar lo que ha pasado con el país y el mundo a lo largo de su vida, que incluyó el exilio en Francia durante la época de la dictadura. No tengo dudas de que Óscar Niemeyer será siempre un monumento a la condición humana.

* Ingeniero colombiano radicado en Brasilia desde 2008.

Datos de Brasilia

 

Ciudad declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1987.

El Distrito Federal tiene 2’600.000 habitantes (IBGE 2009).

La construcción de la ciudad tardó menos de cuatro años.

Tiene el mayor PIB per cápita de Brasil.

El diseño que tendría la nueva ciudad se definió mediante un concurso público, el cual ganó el arquitecto Lucio Costa.

La base es un boceto en forma de avión y un aeropuerto en un extremo que se adaptó a la forma del lago Paranoá, con el fuselaje como espacio para todos los edificios de gobierno, plazas y centros culturales, mientras las alas están destinadas a las viviendas civiles.

La ciudad ‘déjà vu’

 

En Brasilia las ideas y el estilo de Niemeyer están por todas partes, con grandes espacios, espejos de agua y rampas de acceso gigantes. Yo la llamo “la ciudad ‘déjà vu’”, porque como todas las cuadras de las alas norte y sur son  iguales, es muy difícil saber o recordar en dónde fue que uno vio alguna tienda o lugar al que quiere regresar o ir por primera vez. Todo parece igual.

Aquí no se maneja el concepto de cuadra que tenemos los colombianos; lo que se tiene son ‘superquadras’, que básicamente son un grupo de edificios en bloques y numerados con letras, una vía de entrada común y zonas de estacionamiento y áreas verdes muy grandes que los separan. Todo de uso público y sin rejas ni talanqueras. No es una ciudad hecha para andar a pie a pesar que tiene metro en el ala sur. La sensación de seguridad es muy buena. Se construyó  en forma de avión, parecida al National Mall de Washington D.C., otra ciudad diseñada para ser sede de gobierno.

Como característica cívica en las cebras, donde no hay semáforos, cuando un peatón va a cruzar, es obligación parar el carro.